EL EMBALSE DE ALMENDRA.
Un autentico mar interior
Todo el mundo lo ve. Es el tercer embalse más grande de la península, visible incluso desde el espacio. Los datos asuntan con solo leerlos: La superficie embalsada es de mas de 8.600 hectáreas de aguas navegables (unas 44 veces mayor que le principado de Mónaco), con una profundidad que puede alcanzar los 200 metros y un cauce que, en ciertos tramos, tiene una anchura de 10 kilómetros. Estamos hablando de un embalse de mas de 40 kilómetros desde su presa hasta la cola, con mas de 100 kilómetros de costa, y que ocupa el cauce del rió Tormes. ¿Se imaginan ustedes un crucero desde la ciudad Helmatica hasta el mismo corazón de Los Arribes? Pues ya habrá alguna mente abierta que lo hará realidad; tiempo al tiempo. El potencial turístico de un embalse de estas características es tremendo: zonas de pesca, embarcaderos deportivos, piscinas flotantes, playas fluviales, campamentos para niños o áreas recreativas serian proyectos que beneficiarían directamente la economía de muchas familias de pueblos como Cibanal, Villar de Buey, Salce, Róelos o Carbellino e indirectamente al resto de municipios de Sayago. Algunos ayuntamientos han empezado a interesarse tímidamente en el tema, e incluso en Cibanal ya existen un camping y un embarcadero junto a las aguas del embalse. Aunque algunos no lo crean, en Berrillo hace algún tiempo que se fundo el Club Náutico Santa Marina que espera ansioso gente con interés para organizar actividades acuáticas de todo tipo. El turismo ha demostrado ser una actividad económica en alza en nuestra tierra y tener un embalse de estas características a algo de mas de 2 horas de Madrid, a 1 hora y cuarto de Valladolid y a poco mas de media hora de Zamora o Salamanca es todo un lujo. No hay que olvidar que la segunda región Española con mayor número de licencias de patrón de barco es Madrid. Urge preparar accesos asfaltados hasta la orilla, habilitar merenderos y zonas de sombra, colocar plataformas de embarque, mantener unas correctas condiciones higiénicas, señalizar mediante boyas los puntos peligrosos, publicitar la zona en los foros adecuados…y luego ya llegaran las casas rurales, los restaurantes y los puestos de trabajo en construcción, comercio, jardinería y demás servicios. La pena es que a veces pienso que nosotros, los sayagueses no creemos en la posibilidad de nuestra propia tierra. No puedo dejar de preguntarme que seria del embalse de Almendra si en lugar de estar en Zamora estuviera en el país Vasco o Cataluña sin lugar a dudas otro gallo cantaría.
Fuente: El del el Adelanto de la comarca de Sayago Por-(Sergio Aguilar
Desde mi balcón
Un paisaje y dos Almeidas
Desde mi balcón de La Casa del Gallo en Almeida tengo el privilegio de solazarme con un escantillón del paisaje de Sayago desde que el sol aparece trepando por la torre de la iglesia hasta que se diluye en el pantano de Almendra, allá al fondo tras las encinas. Con las lluvias de la últimas semanas los cortinales han confundido el otoño con la primavera y recobrado el esplendor de un gozoso verde mágico. Y esta simple visión cotidiana es suficiente para hacerme sentir feliz y dar gracias a mi decisión de refugiarme en Sayago renunciando a Madrid, a sus pompas y a sus obras. Sobre todo a sus obras. Interminables e insoportables obras que se renuevan sin descanso, todas al unísono, de la noche a la mañana como el manto de Penélope, perpetuando a la capital patas arriba, reventada de zanjas y asaeteada de grúas de la cabeza a los pies, para mayor gloria del ladrillo y la especulación inmisericorde. Ahí os quedáis. Que os sea leve.
Desde mi balcón disfruto cada día del paisaje mientras pongo en marcha el ordenador de mi oficina on-line, como se dice ahora. Pero no sólo de paisaje vive el hombre ni todo el monte es orégano. Por eso cuando me asomo y desvío la vista hacia los tejados, la brisa del noreste me trae susurros de Antonio Machado que hablan de bostezos, hastíos y vacíos. “¿Todavía seguimos con las dos Españas?” Una lástima, maestro. Desde que Graham Greene inventó el factor humano las cosas se han complicado en la vida comunitaria. Y desde que el refranero descubrió que la unión hace la fuerza, sabemos que Almeida es hermosa pero débil.
Desde mi balcón miro al horizonte y suplico al cielo pálido de otoño que una de las dos Almeidas no llegue a helarme el corazón enamorado de esta tierra.
Desde mi balcón
Al cerdo, un respeto
• ¿Acaso no merece una consideración el hermano cerdo, del que aprovechamos hasta los andares?
De repente un coro de gruñidos envuelve el paisaje anunciando que el ritual de la matanza ha dado comienzo. La muerte se viste de fiesta y, quién más quien menos, casi todo el mundo piensa en las chichas que se avecinan. Pero muy pocos se paran a reflexionar siquiera un momento sobre el trance del animal.
Se supone que el cerdo, como otros muchos mamíferos, tiene una biología muy evolucionada y, por tanto, puede experimentar un considerable nivel de angustia, pánico y dolor. Sobre esta base se han establecido y rigen leyes que prohíben el maltrato a los animales y su sufrimiento a la hora de sacrificarlos para alimentación humana. En el caso del cerdo, el Real Decreto 54/1995 determina que el sacrificio y sangrado deberán ir precedidos de aturdimiento previo.
La experiencia demuestra, además, que seguir esta elemental norma de compasión ahorra esfuerzo y riesgo para el grupo de oficiantes. Y, aunque así no fuera, ¿acaso no merece una consideración el hermano cerdo (que diría San Francisco), del que aprovechamos hasta los andares, incluidas las válvulas cardiacas y los islotes pancreáticos para trasplantes?
Hablando de animales, algunos cazadores me han pedido que dé un toque de atención a la Junta para que piense en repoblar las dehesas de conejos. Sería una forma de evitar que las escopetas apunten hacia el cielo buscando eliminar a las águilas, que compiten con ventaja en unos cotos esquilmados. Dicho queda.
Desde mi balcón
Al sayagués, dale y pídele
• El sayagués que yo conozco me ha dado lo suyo con generosidad y ha aceptado lo mío sin recelo
Al refranero popular nunca le hago mucho caso. Es una especie de camisa unisex que se adapta sin pudor a cualquier usuario. Por ejemplo, si desde el bando optimista se te antoja decir “a quien madruga Dios le ayuda”, “trabaja y no comerás paja”, “el dinero no hace la felicidad” o “más vale ciencia que renta”, desde la grada de enfrente pueden devolverte la pelota con la misma contundencia: “no por mucho madrugar amanece más temprano”, “trabajos y a la vejez andrajos”, poderoso caballero es don dinero” o “haz rico a un asno y pasará por sabio”.
Pero hay refranes que no tienen opuesto y, sin embargo, alguien debería colocarles uno sin tardanza. Es el caso de ese desafortunado marchamo que los de Sayago gustan de aplicarse con una especie de filosofía rancia y masoquista que no he entendido nunca: al sayagués, ni le pidas ni le des.
No sé a qué sayagués se refieren. Tal vez al de las cavernas de la dictadura, cuando cada quisque se buscaba las habichuelas intentando sobrevivir día a día, sin fiarse ni siquiera de la madre que lo parió. Porque el sayagués que yo conozco desde que me asenté en esta tierra me ha dado lo suyo con generosidad y ha aceptado lo mío sin recelo, me ha abierto sus puertas con confianza y me ha conquistado con su talante cordial y hospitalario.
Por supuesto que también aquí hay de todo como en botica. Pero el sayagués medio que yo conozco no es el del miserable refrán que comentamos.
Desde mi balcón
Sayago me pone las pilas
Me apunto a la teoría
sobre el manto de magia
que envuelve
a la tierra de Sayago
Días atrás salí a pasear con mi mujer a media tarde por el llamado camino de Moraleja, que desde el Caño de Almeida serpentea paralelo a la carretera de Salamanca. Es una ruta singular jalonada de sorpresas. Hay una roca enorme solitaria que al parecer denominan “Peña del Vuelo”, una hilera negra de encinas centenarias desplegando sus brazos al borde del camino como un coro de plañideras, un pequeño valle con dos puentes sobre cadozos, que harían las delicias de cualquier poeta...
Habíamos iniciado la excursión cuando mi teléfono móvil tintineó indicando que la batería se había agotado. Lo comprobé y me encogí de hombros: “Así no nos molesta nadie”. Pero no hubo suerte. Apenas habían pasado quince minutos cuando el aparato sonó con buen ánimo. Miré el indicador de batería y estaba a tope, como si acabase de ser recargado.
Los científicos dirían que el fenómeno se debe a la potencia electromagnética del granito. Y a continuación los médicos podrían alertar sobre los efectos deletéreos del electromagnetismo sobre la salud. Que yo sepa, la gente en Sayago se muere de vieja y los índices de cáncer aquí no superan el promedio nacional. Así es que esa cuestión no me quita el sueño.
Puestos a escoger, me apunto a la teoría sobrenatural de Panero y Acha sobre el manto de magia que envuelve a la tierra de Sayago. Tiene mucho más encanto.
Sea como fuere, la anécdota es un nuevo argumento para hacerme sentir a gusto en esta tierra: Sayago me pone las pilas.
Desde mi balcón
El embalse de Almendra, para mí solito
Abundo en lo que escribía mi amigo Sergio Aguilar en el número anterior: el embalse de Almendra es un diamante en bruto, un recurso turístico sin explotar, que parece puesto ahí para el disfrute exclusivo de unos pocos, poquísimos, entre los que afortunadamente me cuento. Hace unos días monté mi aparejo y estrené mi temporada particular de windsurfing en este mar impresionante. Lucios y black-bass saltaban a mi alrededor gozosos y bien cebados como delfines. Kilómetros de orillas solitarias mostraban sus espléndidos rincones, accesibles sólo desde el agua o a golpe de calcetín para amantes del senderismo que se aventuran por rutas inéditas.
Muchas gracias, señores de la política, por privilegio tan exclusivo. Pero les aseguro que no me importaría compartirlo con otras gentes, deportistas, pescadores, bañistas, que dejen su dinero en este entorno. ¿Se han dado ustedes, una vuelta por la orilla blanca e impoluta que se extiende a los pies de la ermita de Argusinos, pongo por ejemplo? Les aseguro que quedan pocas playas en España que se le puedan comparar. Tal vez piensen ustedes que si viene mucha gente, el paisaje llegará a resentirse. No se preocupen. Sayago es todavía una incógnita incluso para la mayoría de los propios zamoranos (no exagero). Aún queda un rato hasta que los turistas que nos visitan dejen de alucinar (es el término que todos emplean) ante tanta belleza desconocida en el resto de España. Hagan algo, porfa.
Desde mi balcón
No sólo de magia vive el hombre
¿Alguien conoce
algún abracadabra
para ese otro Sayago
de carne y hueso?
Hablaba yo el otro día de fenómenos sorprendentes que uno puede experimentar paseando por las tierras de Sayago. Por ejemplo, que se te cargue la batería del móvil al atravesar un hermoso paraje con base de granito.
Mi amigo Ramón Carnero, que es hombre versado en misterios y tradiciones sayaguesas, tiene su propia teoría sobre la magia de esta tierra. En esencia viene a coincidir con lo que enunciaba Goethe, a saber, que los misterios no son necesariamente milagros.
Carnero dice que no se trata de magia de birlibirloque, brotada de una chistera de ilusionista o, peor todavía, de la varita del estomagante Harry Potter. La magia de Sayago estaría –si yo lo interpreto bien- en la emoción que provoca en cada uno la belleza de las cosas. Por ejemplo, el plácido serpenteo de un arroyo tapizado de moruja camino del cadozo, la contundente presencia de una enorme roca solitaria junto al sendero, el vuelo avizor del águila sobre la dehesa pintada de colores y silencios. O también la recuperación, aunque sea con ropaje de folclore, de tantos viejos ritos y tradiciones centenarias que alimentan la imaginación y solazan el espíritu.
Claro que, por desgracia, esta gratificante realidad tiene poco que ver con aquella otra, pura y dura, que nos habla de pobre desarrollo, emigración y escasas perspectivas. ¿Alguien conoce algún abracadabra para ese otro Sayago de carne y hueso?
es preciosa toda la zona no se si es por un sentimiento de cariño hacia mi pueblo pero es uno de los mejores paisajes de toda la zona e incluso españa